Pero hay que ver lo vaga que es la memoria, cuántas cosas tenemos arrinconadas en ella y hasta que no llega un olor, un sabor, una imagen, una sensación ni darnos cuenta de lo que estaba escondidito pero listo para salir; sólo necesita algunos de estos empujoncitos. Mientras preparaba el postre y de los escondrijos de mi memoria han salido recuerdos que ni yo misma sabía que aún estaban pero que han surgido hilándose ellos solos hasta reconstruir aquella travesura.
Recuerdo que siendo muy muy pequeñas mi hermana y yo, mi padre tenía sembrados en el jardín algunos arriates de matitas de fresas, recuerdo que eran muy pequeñitas y lo que no sé es si eran dulces o no. A nosotras lo que nos encantaba era arrancarlas e imagino que en aquella época nos daba igual comérnoslas y eso a mi padre le enfurecía y nos regañaba muy serio diciendo: niñas no las dejais madurar y así jamás podremos tomar unas fresas en condiciones. Esto servía de risas contenidas y como dos ositas glotonas y trochonas en cuanto había un descuido volvíamos a la fechoría de; al fin y al cabo destrozar a las pobrecitas fresas. Estoy segura que si fuese Jimena la que hiciese eso y conociéndome pues no quedaría en una simple reprimenda, ésta iría acompañada de un castigo sin dibujos animados.
Después de 30 años de aquello, yo tendría unos 5 ó 6 años he tenido que reírme muchísimo imaginando aquel dañino ritual que era para nosotras el arrancarle a mi padre sus pequeñas fresas. El pobre que era como una botella de cava terminaba por exasperarse y llamar a mi madre para que ella controlase nuestros impulsos dañinos.
Y hoy en día se han convertido en una de mis frutas preferidas y en cuanto llega la temporada es necesidad comprarlas cada dos días. Además me compro lo justo para que me duren dos días ni uno más ni uno menos y volver a comprar otro tanto de ellas para justo dos días.Me gustan simplementes lavadas sin añadirles nada más y para mí es fundamental verlas bien tersas y brillantes sin manchas ni enmohecidos que tengamos que estar quitando de aquí y de allá, o bien intentando aprovecharlas de alguna forma para que no se terminen de perder.
El postre que he preparado con los fresones es tan fresquito y dulce que apetece comer pedazos enormes y volver a patir otro igual de grande en cuanto se termine el que tenemos, no lo puedo evitar soy una zampabollos. Es ideal para el tiempo que llega y además vuelvo a apostar por el arreglado pero informal y con 3 ingredientes básicos convertimos nuestra sobremesa en un manjar.
Ingredientes y elaboración:
Lavamos los fresones y les quitamos el tallo, los troceamos en laminitas y los ponemos en un bol. A continuación los rocíamos con el zumo del limón y le agregamos el azúcar y lo removemos. Lo dejamos un rato para que suelte su jugo.
Recuperamos el jugo que han soltado y lo mezclamos con el ron y con esta mezcla bañamos una de las caras de los bizcochos.
Dejamos el helado a temperatura ambiente para que lo podamos trabajar con facilidad pero lo justo para poder manejarlo y lo mezclamos con los fresones
Forramos un molde de plum-cake con papel film incluidas las paredes y dejando que sobresalgan los 4 bordes.
Disponemos en el fondo del molde los bizcochos empapados con la parte seca tocando el fondo.
Sobre esto añadimos el helado con los fresones y dejamos en el congelador 1 hora antes de servir.
Desmoldamos y decoramos con azúcar glas.
Recuerdo que siendo muy muy pequeñas mi hermana y yo, mi padre tenía sembrados en el jardín algunos arriates de matitas de fresas, recuerdo que eran muy pequeñitas y lo que no sé es si eran dulces o no. A nosotras lo que nos encantaba era arrancarlas e imagino que en aquella época nos daba igual comérnoslas y eso a mi padre le enfurecía y nos regañaba muy serio diciendo: niñas no las dejais madurar y así jamás podremos tomar unas fresas en condiciones. Esto servía de risas contenidas y como dos ositas glotonas y trochonas en cuanto había un descuido volvíamos a la fechoría de; al fin y al cabo destrozar a las pobrecitas fresas. Estoy segura que si fuese Jimena la que hiciese eso y conociéndome pues no quedaría en una simple reprimenda, ésta iría acompañada de un castigo sin dibujos animados.
Después de 30 años de aquello, yo tendría unos 5 ó 6 años he tenido que reírme muchísimo imaginando aquel dañino ritual que era para nosotras el arrancarle a mi padre sus pequeñas fresas. El pobre que era como una botella de cava terminaba por exasperarse y llamar a mi madre para que ella controlase nuestros impulsos dañinos.
Y hoy en día se han convertido en una de mis frutas preferidas y en cuanto llega la temporada es necesidad comprarlas cada dos días. Además me compro lo justo para que me duren dos días ni uno más ni uno menos y volver a comprar otro tanto de ellas para justo dos días.Me gustan simplementes lavadas sin añadirles nada más y para mí es fundamental verlas bien tersas y brillantes sin manchas ni enmohecidos que tengamos que estar quitando de aquí y de allá, o bien intentando aprovecharlas de alguna forma para que no se terminen de perder.
El postre que he preparado con los fresones es tan fresquito y dulce que apetece comer pedazos enormes y volver a patir otro igual de grande en cuanto se termine el que tenemos, no lo puedo evitar soy una zampabollos. Es ideal para el tiempo que llega y además vuelvo a apostar por el arreglado pero informal y con 3 ingredientes básicos convertimos nuestra sobremesa en un manjar.
Ingredientes y elaboración:
- 3/4 l de helado de nata
- 100 g de bizcochos de soletilla
- 50 g de azúcar glas
- 350 g de fresones
- 2 cucharadas de azúcar
- 1 limón (su zumo)
- 2 cucharadas de ron ( yo le he puesto blanco, es el que tengo)
Lavamos los fresones y les quitamos el tallo, los troceamos en laminitas y los ponemos en un bol. A continuación los rocíamos con el zumo del limón y le agregamos el azúcar y lo removemos. Lo dejamos un rato para que suelte su jugo.
Recuperamos el jugo que han soltado y lo mezclamos con el ron y con esta mezcla bañamos una de las caras de los bizcochos.
Dejamos el helado a temperatura ambiente para que lo podamos trabajar con facilidad pero lo justo para poder manejarlo y lo mezclamos con los fresones
Forramos un molde de plum-cake con papel film incluidas las paredes y dejando que sobresalgan los 4 bordes.
Disponemos en el fondo del molde los bizcochos empapados con la parte seca tocando el fondo.
Sobre esto añadimos el helado con los fresones y dejamos en el congelador 1 hora antes de servir.
Desmoldamos y decoramos con azúcar glas.

